Hay espacios que, sin hacer ruido, se convierten en el alma cultural de una ciudad. Espacios donde el arte se vuelve resistencia, la palabra se hace memoria y la escena nos ayuda a comprendernos como sociedad. Uno de esos lugares es el Pequeño Teatro, que hoy, con orgullo y emoción, celebra 50 años de existencia.
Fundado en 1975, el Pequeño Teatro ha sido, desde su origen, un refugio para la creación, un laboratorio de formación actoral y una trinchera desde donde se ha defendido, por medio del arte, la dignidad humana. En sus tablas han nacido obras memorables, se han formado generaciones de actores y actrices, y se ha mantenido viva la convicción de que el teatro no es un lujo, sino una necesidad vital.
Para Fraternidad Medellín es un honor acompañar a este espacio en su camino, reconociendo su aporte invaluable a la vida cultural y ciudadana de Medellín. Apoyar al Pequeño Teatro es una forma de reafirmar nuestra apuesta por la cultura como herramienta de transformación social y por el arte como camino hacia la sensibilidad, la reflexión y la convivencia.
Durante cinco décadas, el Pequeño Teatro ha abierto sus puertas sin temor a las dificultades. Ha resistido los momentos más oscuros de la ciudad, ha mantenido sus luces encendidas aun cuando parecía imposible, y ha hecho de la palabra una forma de resistencia pacífica y profunda. Porque allí, entre bambalinas, se ha construido también ciudadanía, se ha sembrado pensamiento crítico y se ha cultivado esperanza.
Hoy, al cumplir 50 años, este teatro sigue siendo pequeño solo en su nombre. Su legado es inmenso. Su impacto se extiende más allá de los muros de su sede en el centro de Medellín. Cada función, cada formación, cada aplauso, sigue recordándonos que la cultura es un acto de amor colectivo, una forma de cuidar lo que somos.
Desde Fraternidad Medellín celebramos su historia, honramos su valentía y renovamos nuestro compromiso de seguir siendo aliados de quienes, como el Pequeño Teatro, creen que otra sociedad es posible cuando se le da al arte el lugar que merece.
Gracias por 50 años de arte, memoria y humanidad. Gracias por hacernos más sensibles, más conscientes, más humanos. ¡Larga vida al Pequeño Teatro!