En 2026, Medellín celebramos con emoción y reverencia los 50 años de la Corporación Cultural Canchimalos, una organización que, más que un proyecto cultural, se ha convertido un hogar para el niño interior que todos llevamos dentro y un rumbo para encontrar sentido a través del arte, del juego y de la comunidad.
Desde su fundación en 1976, Canchimalos ha florecido como una apuesta inquebrantable por el bienvivir, por la dignidad humana y por el encuentro auténtico con nuestros saberes más profundos. En cada taller, en cada danza, en cada expresión, esta Corporación ha sembrado semillas de alegría, curiosidad, identidad y libertad que hoy germinan en generaciones de artistas, familias y ciudadanas y ciudadanos transformados.
Lo que distingue a Canchimalos es su comprensión del arte no como un producto distante, sino como una experiencia de vida que toca los cuerpos, los corazones y las memorias colectivas. Su Escuela Artística Integral abre sus puertas a personas de “0 a 100 años”, invitándolas a comprender que jugar es aprender, crecer y construir sentido junto con otros.
Durante este medio siglo, Canchimalos ha sido un espacio para recuperar y revalorizar nuestra cultura popular, para construir puentes entre generaciones, para reimaginar tradiciones y para hacer de Medellín una ciudad que no olvida cómo jugar, cómo bailar, cómo cantar y cómo mirar el futuro con esperanza y creatividad.
En los últimos años, iniciativas como el Laboratorio de Memoria Escénica han profundizado en la riqueza de las obras, los gestos y los aprendizajes acumulados desde 1976, entendiendo la memoria como archivo vivo y fuente de nuevos caminos por explorar.
Para Fraternidad Medellín, acompañar a Canchimalos desde 2022, ha significado reconocer en su trayectoria una fuerza transformadora sin igual: una manera distinta de creer en las personas, en sus capacidades creativas y en la cultura como instrumento de dignidad y paz. Celebrar los 50 años de Canchimalos es celebrar la posibilidad de que cada vida pueda ser tejida con arte, alegría y sentido.
Hoy celebramos medio siglo de historias que laten, de abrazos compartidos, de aprendizajes que perduran y de sueños encendidos. Que los próximos 50 años sigan siendo un canto colectivo, un juego constante, una danza interminable de esperanza para Medellín, Colombia y todos los lugares donde la lúdica y el arte hacen posible lo imposible.