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La Casa del Buen Dios: un refugio de amor y esperanza en el corazón de Medellín. 

En medio de las incertidumbres que acompañan a quienes llegan a Medellín en busca de atención médica, existe un lugar donde la compasión y el cuidado se convierten en un bálsamo para el alma: La Casa del Buen Dios. Desde su fundación en 1961 por Tulia Uribe Jaramillo y Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, esta entidad sin ánimo de lucro ha sido un hogar de paso que ofrece alojamiento seguro, alimentación balanceada y acompañamiento a pacientes y sus familias durante su estadía en la ciudad.  

Con dos sedes ubicadas en el barrio Prado Centro —una para adultos y otra para menores—, La Casa del Buen Dios brinda más que servicios básicos; ofrece un entorno donde cada persona es acogida con dignidad y respeto, independientemente de su origen o situación económica. El equipo humano que la conforma trabaja incansablemente para aliviar las cargas emocionales y físicas de quienes enfrentan momentos difíciles, proporcionando no solo cuidados materiales, sino también un acompañamiento espiritual y emocional que fortalece el espíritu. 

En la Fundación Fraternidad Medellín, creemos en el poder de la solidaridad y el apoyo mutuo. Por ello, a través de nuestra línea de acción Ayudar a Ayudar, respaldamos desde hace 42 años la labor de La Casa del Buen Dios, conscientes de que al fortalecer a organizaciones comprometidas con el bienestar de los más vulnerables, contribuimos a construir una sociedad más justa y compasiva. 

Cada historia que transcurre en La Casa del Buen Dios es un testimonio de resiliencia y esperanza. Es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la luz de la empatía y el amor puede guiar el camino hacia la recuperación y la paz interior. Nos enorgullece ser parte de esta misión y continuar apoyando iniciativas que, como esta, transforman vidas y siembran semillas de esperanza en nuestra comunidad. 

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