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Sembrar pasión: una maestra que encontró en la educación la oportunidad de transformar. 

Cuando la profe Liliana habla de enseñar, no habla solamente de clases, cuadernos o contenidos. Habla de sembrar. De acompañar a un joven hasta que descubra que puede llegar más lejos de lo que alguna vez imaginó. De mostrarle que existen oportunidades y ayudarlo a encontrarlas. Tal vez por eso su historia nos emociona tanto: porque Liliana recibió una oportunidad para continuar estudiando y decidió convertirla en muchas oportunidades para sus estudiantes. 

Miriam Liliana Duque Salazar es docente de la Institución Educativa Rural Obispo Emilio Botero González, en la vereda Las Mercedes de Marinilla. Aunque inicialmente estudió Ingeniería de Petróleos y luego realizó una maestría en Biotecnología, hace más de 16 años encontró en la docencia el lugar donde quería estar. La mayor parte de ese camino lo ha recorrido como maestra rural.  

Pero, en realidad, su historia con la enseñanza había comenzado mucho antes. Cuando estaba en el colegio era ella quien se quedaba algunas tardes explicándoles matemáticas a sus compañeras. Años después, mientras realizaba su maestría, volvió a encontrarse con esa vocación dando clases de química y laboratorio en la Universidad Nacional. Allí confirmó algo que parecía haberla acompañado siempre: su felicidad estaba en enseñar y acompañar los procesos de aprendizaje de otros.  

Su camino la llevó después a enseñar en diferentes regiones de Antioquia y, finalmente, a convertirse en docente rural. Allí entendió que un maestro puede cambiar la manera como un joven imagina su futuro. 

“Enseñar es sembrar pasión”. 

Liliana recuerda esta frase de Francisco Cajiao para explicar lo que intenta hacer cada día. Durante nueve años como docente rural en El Santuario recorrió con sus estudiantes el territorio y sus fuentes de agua, pero también buscó despertar en ellos el deseo de continuar estudiando. Con enorme emoción cuenta que varios jóvenes que antes veían como única posibilidad salir a buscar un oficio comenzaron a presentarse a la universidad, estudiaron y algunos incluso regresaron posteriormente a sus territorios.  

Y mientras sembraba sueños en sus estudiantes, Liliana seguía construyendo los suyos. Ya había iniciado un Doctorado en Pedagogía en la Universidad Católica de Oriente, cuando decidió acercarse a la Fundación Fraternidad Medellín y contar su historia. En 2025 recibió una beca que le permitió continuar su formación doctoral y que hoy, mientras avanza como candidata a doctora, recuerda con una palabra muy especial: bendición.  “La felicidad cuando me enteré fue grandísima para mí, para mi esposo, para mi familia… era como la oportunidad de poder seguir avanzando y poder estudiar”, recuerda. 

Pero la oportunidad que recibió Liliana nunca se quedó solamente en ella. Su formación vuelve cada día al aula, a sus estudiantes y a la comunidad educativa. Su manera de enseñar parte de reconocer que los jóvenes también tienen mucho que enseñarle, que son compañeros de aprendizaje y que el aula es, ante todo, un espacio para compartir saberes, preguntas e intereses.  

Su mensaje para sus alumnos resume una vida entera dedicada a aprender y enseñar: “Yo creo que el gran poder está en la educación”. Para Liliana, el conocimiento es algo que nadie puede quitarnos y la posibilidad de aprender, conversar y conocer otros ambientes tiene el poder de cambiar nuestra visión del mundo.  

Historias como la suya nos recuerdan por qué creemos profundamente en los maestros. Apoyar la formación de una docente es una oportunidad que se multiplica en cada estudiante que pasa por su aula, en cada joven que descubre nuevas posibilidades y en cada comunidad que encuentra en la educación una manera de construir futuro. 

Liliana lo dice de una forma que nos conmueve especialmente: “Fraternidad Medellín ha sido una bendición para mí, para mi colegio, para mis estudiantes”.  

Y quizás ahí está lo más hermoso de su historia: una beca lleva el nombre de una maestra, pero su verdadero alcance puede escribirse en la vida de cientos de estudiantes. Porque cuando una oportunidad llega a alguien que ama enseñar, nunca se queda en una sola persona: se comparte, se siembra y comienza a florecer en los sueños de muchos más. 

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